Contame algo lindo....

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Para conocer relatos de barrio, de música, de nuestra historia y de quienes la forjaron....

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20 febrero, 2010

Los siete fuegos de los argentinos

El fuego y las brasas son parte de nuestra identidad, es un lenguaje de silencios que se arraiga en nuestra historia nativa y la de las inmigraciones.
Está más allá de las formas de vida de cada uno; no elige entre provincias, credos o ingresos. Fastuoso o pequeño, el asado y el fuego son la dirección postal universal de Argentina. El churrasco de cuadril de estancia a la plancha de cocina económica convive con la empanada salteña de horno de barro y Padre Nuestro.
La entraña del mediodía de la parrilla El Obrero es tan nuestra como el cordero al asador de la Patagonia, la carne a la bolsa en Córdoba o las papas al rescoldo.
La tabla, el cuchillo, la salsa criolla y el chimichurri, la molleja, el riñón, la provoleta y la torta frita son parte de nuestro inventario. Está en nuestra médula antes de nacer, es memoria colectiva, es sonrisa y es lágrima, es fútbol y es tango.
Es el hombre el que toma las riendas en este hacer que nos motiva para uno de nuestros mejores rasgos, la sobremesa. Ese lugar extendido y de amores, donde se habla de todo, luego del Malbec estrella o del vino con soda. Si al final la única razón para comer y beber bien es tener mejores conversaciones con los invitados. Los argentinos nos destacamos en ese terreno, los extranjeros nos miran extasiados: la pasión de la conversa, el chamuyo y la siesta, ¿Trabajar? ¡Mañana!.
El gaucho come de pie de a poco, cortando su carne sobre el pan, eligiendo con cuidado cada trozo, dorado con un poco de crujiente grasa. Para mí, la mejor manera de disfrutar de un asado es parado cerca del fuego, en una especie de romance con el silencio.
Si la idiosincrasia del hacer de nuestro país pasa primero por la mesa, no importa si los manteles son de damasco o de hule, si el vino es de estrellas o de damajuana. Al final lo que vale es el cariño y el respeto que le ponemos al asado, al agasajo, a ese tiempo que le dedicamos a comer con amigos y familia.
Pocos países lo tienen: no somos únicos, pero el carácter y el arraigo del fuego deja suspiros por lo rico, pero sobre todo por la pasión industria nacional. Y si viajamos, seguramente decimos: Mañana hago un asado, hay una carnicería que tiene...
Pero no, no se confunda...el asado se hace en casa, en el sur de sur América, con la ayuda del carnicero amigo, el domingo de sombras con la radio y el mate.
Somos esto: un rescoldo de amores...¡Viva la Patria!
Francis Mallmann - La Nación

30 enero, 2010

El desarrollo de la moda

Las revistas "El Hogar" o "Para Ti" dictaban la moda, aunque también se imponían los estilos de Rita Hayworth o Marlene Dietrich. No se quedó atrás el cine nacional, con actrices vestidas por Paco Jamandreu. Para las mujeres, las medias de nylon fueron una revolución y ninguna se atrevía a salir a la calle sin cubrirse con boinas y capellinas. A su vez, el traje sastre se impuso desde los años 40. Entre los hombres, que imitaban a Clark Gable o Tyrone Power, era de rigor el traje cruzado con hombreras y tiradores. Por supuesto, también era infaltable el sombrero.
Los modelos franceses eran difundidos por las revistas femeninas como "El Hogar", "Rosalinda" y "Para Ti" y traídos de París por la casa Henriette. Para quienes no podían acceder a los modelos originales, las grandes tiendas como Gath & Chaves y Harrod´s confeccionaban prendas similares.
La crisis de 1929 no desanimó a los modistos, sino que agudizó su imaginación. En la moda femenina se impuso la sencillez y la austeridad. Predominó el "tailleur", se mantuvo la falda larga a unos 20 cms. del suelo y los zapatos de taco fino tenían unos 5 cms. de alto.
El 16 de mayo de 1922 salió "Para Ti". "La mujer, por fin, se siente acompañada y reflejada todas las semanas en un medio dedicado solamente a ella", decía la publicidad inicial. En los años 30 las revistas femeninas se multiplicaron. La revista "El Hogar" difundía las modas de la clase alta a través del registro de sus eventos sociales y "Atlántida", a las grandes actrices.
La mujer aspiraba a un cutis blanco y suave, aunque al difundirse el hábito de las vacaciones en la playa, adoptó el bronceado, a veces logrado con aceite de coco y yodo (modelos de la Tienda La Piedad en 1940).
En la década del 30 los hombres abandonaron el uso del bastón, símbolo de señorío que se convirtió en sinónimo de vejez o invalidez. Para vestir, se impuso el traje con saco cruzado o derecho. Para un estilo "sport" nada mejor que el "cárdigan" y para entrecasa el "fumoir". La moda masculina mantuvo el sombrero hasta bien avanzada la década de 1950. El impermeable y el pantalón dejaron de ser una prenda varonil exclusiva.
El crédito, práctica habitual en el comercio minorista de barrio, se trasladó a las grandes tiendas también preocupadas por los efectos de la crisis.