Contame algo lindo....

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Para conocer relatos de barrio, de música, de nuestra historia y de quienes la forjaron....

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20 febrero, 2010

15 enero, 2010

Un recuerdo a Eladia


Honrar la vida...eso era, eso es Eladia Blázquez: una constante y activa insistencia en honrar la vida. Hay en ella una absoluta identificación entre su obra y su vida. No había una dicotomía entre la mujer y su obra.
´Había nacido "en un barrio donde el lujo era un albur", allá en Avellaneda. Por eso siempre tenía "el corazón mirando al sur". Como el gordo Troilo, de quien era muy amiga y se tenían una admiración mutua, nunca dejó su barrio. Lo sentía y allí tenía calados sus afectos primeros a los que convocaba para pensar, para estar con familiares, para recordar sus raíces.
Su madre era de Granada y su padre de Salamanca, dos ciudades mágicas de España.
Eladia era una excelente intérprete. Sus grabaciones lo atestiguan. Pero prefería componer. "Si el oficio de cantar es hermoso porque permite la comunicación directa y rápida, decía, mucho más lo es el de la creación. Esa condición sin tiempo, esa fuga de la realidad, ese transmutarse en miles y miles de seres que piensan y sienten como nosotros y que esperan encontrar en nuestro lenguaje el idioma de su sensibilidad". Y vaya si dominó esa sensibilidad creativa.
Fue autodidacta, si bien fue una mujer finamente culta. Ella misma decía que había sido muy mala alumna y que terminó el ciclo primario a los ponchazos.
"Después, comentaba, traté de cultivar la lectura, las amistades y mis propias experiencias para suplir en parte esa falta de información. por lo tanto, agregaba con sorna, si no escribo mejor no es porque no sé, es porque no puedo".
Era alegre, vivaz, sarcástica, con un finísimo sentido del humor y de la ironía. Pero también era retraída. Quiso siempre estar distante del halago, quizás por tener que sobrellevar una gran timidez, la timidez del talento que sabe que todo es perfectible. Quienes no la conocían bien, podían pensar que era callada o distante. Nada de eso. En reuniones pequeñas (las que prefería), era una castañuela: graciosa, alegre, ocurrente, simpática, mordaz, burlona. Surgían allí, como una avalancha incontenible, todos sus ancestros andaluces.
No quería, no le gustaba hablar de sí misma. Cuando se le preguntaba por alguno de sus tantos éxitos, los describía como si hubieses sido escritos por otra persona. Como el gordo Troilo, le huía al "yo". Sentía un gran rechazo por lo ególatras y los soberbios.
El amor que siempre sintió por España, la llevó primero a cantar y bailar canciones españolas. Cuando apeas había cumplido años, debutó en público y comenzó a ser conocida entrelos amantes de la música española. Después, ya más grande, se sintió atraída por lo melódico y comenzó a cantar y a componer boleros y canciones románticas. Y su dinamismo creativo la condujo luego a componer también temas criollos. Y aquí otra vez, brilló con luz propia. Vayan como ejemplos "Río, río" y "Ya me voy, ya me estoy yendo", cueca que grabó el Grupo Vocal Argentino que dirigía el Chango Farías Gómez.
Y después vino el tango. Su preocupación cotidiana, sus inquietudes, sus asombros, estaban en Buenos Aires. Y eso la trajo, naturalmente, al tango.
"Aunque me des la espalda de cemento,
me mires transcurrir indiferente;
¡te quiero!... Buenos Aires y a tu gente,
y entre tu gente, sin querer, te encuentro,
me encuentro.
Porque soy como vos,
que se niega o se da...
te proclamo Buenos Aires, mi ciudad... !!!
Antonio Rodriguez Villar

27 diciembre, 2009

Olinda Bozán crea un paso de baile....


Uno de los pasos más extraños en la coreografía del tango (casi desconocidos en las milongas, pero empleado con cierta frecuencia en el teatro y en el cine), es aquel donde la pareja baila con sus frente pegadas y sin abrazarse. Con él se lucía el actor Tito Lusiardo, aunque aclaraba que había sido inventado por Olinda Bozán (1894-1977).
Fue en la época en que Bozán trabajaba para la compañía de los hermanos Ratti en el teatro Apolo, de Corrientes al 1300.
En una escena se armaba el baile y debía participar la Bozán. En medio del tango, el alfiler saltó y fue a parar sólo Dios sabe dónde. Olinda tuvo un acto reflejo: se llevó las manos a la espalda para sostener el vestido y evitar que cayera del todo. Al mismo tiempo, para no romper el baile, siguió danzando con la cabeza apoyada en la de su compañero.
El público, ignorando que había sido un accidente, creyó que ese paso formaba parte de la obra y aplaudió más que nunca a la gran actriz, pidiendo que lo repita. (http://www.alternativateatral.com/)